No diré su nombre pero lo que sí me es permitido mencionar es que hubo un tiempo en que ni siquiera podía pronunciarlo y por eso le inventé un apodo, que como suelen ser los apodos que suenan a animal es en parte bonito y en parte ofensivo. Y como para mi lo raro es bueno pues no le encuentro algo de malo.
Así que está ella, por quién sentía una atracción intensa y con locura. Estaba infatuado. Infatuadillo. En su momento era lo que siempre había querido, físicamente es la denominación de mi tipo de chava, su tez, su boca, su nariz, sus ojos, su cabello, su estatura. Incluso me fascinabana, que digo, aún me fascinan las imperfecciones de su piel. Eso me recuerda que es humana.
Con anterioridad ya me había condenado al declarar las cualidades físicas que me vencían, ella cumple con la mayoría, si acaso la única en la que no entra es en la de las gordibuenas. De hecho se parece a tres tipas por las que previamente tenía un gusto. Esto me recuerda a que si le puse especial atención era por su parecido con cierta persona que conocí durante finales de la primaria e inicios de la secundaria, sólo que no recordaba en el momento precioso con quien tenía parecido. Posteriormente, durante una ceremonia religiosa, reconocí (algunos años después) a la culpable por mi fijación a la protagonista de este texto. Incluso, ahora lo sé, tenemos conocidos en común. Nuestro pueblo es pequeño. Cada año más, claro, cada año conocemos más gente.
Como sea, por asuntos pasados le puse atención y yo nomás no podía explicarme eso. La mal juzgué, por dos que tres encuentros sin mucha importancia tenía una imagen errónea de ella, pensé que era cualquier pendeja. Gran error. Un día, en una de esas esperas que se suelen dar tuvimos una conversación sin mucha trascendencia pero al menos ya era algo, ella había iniciado la plática y me había agradado los minutos que pudimos compartir. Obvio, en mi cabeza esto no pasó a mayores, en esos tiempos era [yo] más desconfiado de lo normal.
Pensé que, ahora que tenía una conocida nueva, podía saludarla, charla de todo y nada, y con el tiempo evolucionar nuestro trato. Digo, esto coincidió con una nueva etapa en la que estaba conociendo mucha gente y formando nuevos lazos. Decepción. Me saludaba cuando quería, aveces con cara de “¿quién se cree este tipo?” y en otras con una gran sonrisa. Mientras tanto, en mi salón sus bonos disminuían e incluso se le había puesto un apodo que considero detestable y denigrante a su persona. Por cierto, dada su mamonería y azaroso comportamiento, volvió a ser cualquier pendeja.
Y los meses pasaron, me estaba fastidiando del ambiente y cuestionando algunas decisiones hasta que llegó el obligado descanso y meritoria desintoxicación de la gente de siempre. En medio de éste break ¿qué creen? que me la encuentro, en un lugar por demás inusual, el hecho me extrañó demasiado pero lo encontré como una simpática coincidencia, tal vez serviría de algo en el futuro.
En el previo a regresar a la rutina revalué mis expectativas acerca de mi situación actual, en lo que hacía trato con más gente y mejoraba mis habilidades sociales, en serio, si buscan en mi matrícula lo encontraran. Volviendo al tema, preparándome estaba para enfrentar al destino y habitual reality check que llega tras los descansos, cuando me la vuelvo encontrar. La cosa no es rara, solemos andar por los mismos lados (por nuestras ocupaciones), pero lo raro era que estaba haciendo antes de saludarla. No era algo de miedo pero sí algo que yo haría, eso me gustó, me pareció interesante. Y que la saludo.
Ella me respondió con alegría y conversamos un rato sobre el cómo/cuándo/dónde de nuestra casualidad de hacía unas semanas. Demasiado raro. ¿Era destino hablándonos? Podría ser, en su momento no quise pensar mucho acerca de ello, ahora que lo recapacito pienso que sí, era destino, tenía que suceder eso para que pasara muchas otras cosas. Ok, ahora estamos entrando en temas de gente loca. Hay que notar que destino nunca lo deja tan fácil ni es tan predecible. Oh boy,de haberlo sabido.
El gran plan no es tanto el punto, sino que después de esa intercambio de palabras en el que yo tomaba café con leche, me quedé con algunas expectativas y una gran sonrisa. Estuve razonando un rato que tal vez la chava que me recuerda a alguien (un alguien que nunca tuvo importancia en mi vida) pero que no podía dejar de mirar, no era cualquier pendeja.
Las semanas pasaron, el comportamiento extraño y mamón continuaba, eso me molestaba mucho hasta que surgieron explicaciones que lo explicaban todo. Y la cosa se ponía más rara, más interesante. Más me gustaba. Que si no me hacía caso, eso era interesante. Que si mostraba interés extrañamente, eso era linda. E interesante.
Lo que sigue es una de esas historias de chico conoce chica que ustedes conocen muy bien. La variente en este caso es que chico retraído, preocupón, fijado y con tendencia al drama conoce chica cambiante, tímida, distraída y con muchas problemas en su cabeza [y pasado]. Una unión hecha para ir a ningún lado. Hasta eso el estira y afloja duró algunos meses más de lo planeado.
Si, hubo abrazos, felicitaciones, momentos marca “te extrañaba”, celos mutuos, tomadas de mano y hasta fotos. Sólo que lo que se tuvo que hacer en tres semanas, tardó muchos meses. Se aburrió, nos aburrimos, nos caímos mal, nos mirabamos y no nos mirabamos, nos evitabamos. Algo espantoso y angustiante. Al menos para mí. Espero que para ella también.
Llegó otro de esos descansos en los que te desintoxicas del ambiente usual. No nos hablamos. No tenía deseos ni ganas, lo que era una atracción ahora era algo angustiante y doloroso. Saber de ella me ponía de malas, porque a estas alturas no estaba sabiendo de ella como yo hubiera querido, ya saben, en una de esas llamadas que terminan en un “te amo”. En lugar de eso me enteraba de su vida checando registros de internet. En parte por interés, en parte por la rutina de tener vigilada a mi gente.
No quería verla, era algo horrible, hasta cambié mis rutas para no tener uno de esos encuentros, me ponía mal. Dolor de estomago, ansiedad y el paquete completo. Como destino es cabrón me la encontré al final del primer día. Todo igual. Igual de no relevante que los últimos meses. Se le olvidó decirme un pequeño detalle porque pues decir que tienes novio es algo que no se menciona en el catch up ¿verdad? Sus razones había para no decirlo, incluso creo que hasta nobles. De cualquier manera pensé que era una bitch y que la mujer por la que estaba infatuado para nada era la misma. Para nada. Y yo no necesitaba eso.
O eso quería hacer creer, por dentro la cosa era diferente. Y ese no es el punto. Semanas después por fin me dijo lo de su amorcito, claro, después de hacerle mención que los ví. Bitch, por esa y otras razones. Hace meses que no era la misma de la casualidad.
Destino me seguía hablando. En esos días yo seguía lidiando con mis problemas, más bien que mal, considero. Había que ir a una plática con un autor en un centro cultural, el gancho fue que fue escritor de un programa televisivo infantil de antaño. Había que ir del verbo es obligatorio. Y ahí vamos.
La conferencia comenzó tarde, como es usual. A lo largo del panel los escritorcitos del estrado dejaron mala imagen a todo su gremio con su comportamiento pretencioso y pedante, como es usual. Pero, adivinen, ese no es el punto.
El invitado de honor contó una anécdota acerca de los inicios de su carrera. Bailarín de Bellas Artes, háganme el favor. No por algo en contra de esa profesión sino por la figura actual del sujeto. Cómo sea, el escritor relató que había llegado ahí siguiendo a una mujer que, por supuesto, era el amor de su vida. Iba y venía por ella. Ella, como buen amor de la vida de alguien, lo hacía sufrir, no lo pelaba, salía con todos menos conmigo, corrijo, menos con él. (Ese fui yo proyectándome).
Moría por ella, era su prioridad pero para la bailarina él sólo era una opción. O hasta menos. No pude evitar sentirme identificado, con la historia y con la cuestión de que si esas pocas mujeres, que no son cualquier pendeja, nos hacen sufrir por ignorancia o satisfacción. Es espantoso. Uno nunca hace match con esa chava. Ellas, claro, si hacen match con el amor de su vida, uno nunca figuró, a uno nunca lo perdieron.
La historia del panelista acabó en que por una u otra razón decidió dejar por la paz el asunto de su amada bailarina, quien por supuesto se casó y fue feliz con otro hombre, mientras el escritor acabó casándose (años después) con la hermana de su ex-amorcito, su ex cuñada, ahora esposa. Y su fijación acabó siendo su cuñada. Al menos fueron felices todos. No digo “al menos” porque sea decepcionante sino por estilo. No fue el fin de mundo, pues.
Al final nos dijo el nombre de aquella que, en su momento, podía arreglar o hacer pedazos su existencia. Adivine. El mismo nombre. De ella, aquella de quien no podía pronunciarlo ni quería ver. El mismo nombre. Que miedo. Eso no podía estar pasando.
Abrí los ojos en señal de sorpresa, mi corazón latió más rápido, sentí un vacío en el estomago. Mis acompañantes, quienes sabían la historia y se encontraban en la sala estaban en una disyuntiva de reírse o voltearme a ver. La historia sonaba tan yo.
¿Acabé con la hermana de mi fijación? Para nada. No fue el fin del mundo y continué con mi vida, ratos divertidos, ratos odiosos, ratos aburridos, ratos inolvidables.
Aunque, para mi desgracia, no me separo mucho de ese patrón.
Al menos amplié mi espectro de búsqueda en cuanto a algunas cualidades.
¿Resentido con ella? Lo manejó pésimamente y fuimos unos inmaduros e incivilizados pero me da gusto decir que las cicatrices han sanado, espero que las de ella también, aunque por el cariño que alguna vez le tuve espero que no haya tenido.
Así que está ella, por quién sentía una atracción intensa y con locura. Estaba infatuado. Infatuadillo. En su momento era lo que siempre había querido, físicamente es la denominación de mi tipo de chava, su tez, su boca, su nariz, sus ojos, su cabello, su estatura. Incluso me fascinabana, que digo, aún me fascinan las imperfecciones de su piel. Eso me recuerda que es humana.
Con anterioridad ya me había condenado al declarar las cualidades físicas que me vencían, ella cumple con la mayoría, si acaso la única en la que no entra es en la de las gordibuenas. De hecho se parece a tres tipas por las que previamente tenía un gusto. Esto me recuerda a que si le puse especial atención era por su parecido con cierta persona que conocí durante finales de la primaria e inicios de la secundaria, sólo que no recordaba en el momento precioso con quien tenía parecido. Posteriormente, durante una ceremonia religiosa, reconocí (algunos años después) a la culpable por mi fijación a la protagonista de este texto. Incluso, ahora lo sé, tenemos conocidos en común. Nuestro pueblo es pequeño. Cada año más, claro, cada año conocemos más gente.
Como sea, por asuntos pasados le puse atención y yo nomás no podía explicarme eso. La mal juzgué, por dos que tres encuentros sin mucha importancia tenía una imagen errónea de ella, pensé que era cualquier pendeja. Gran error. Un día, en una de esas esperas que se suelen dar tuvimos una conversación sin mucha trascendencia pero al menos ya era algo, ella había iniciado la plática y me había agradado los minutos que pudimos compartir. Obvio, en mi cabeza esto no pasó a mayores, en esos tiempos era [yo] más desconfiado de lo normal.
Pensé que, ahora que tenía una conocida nueva, podía saludarla, charla de todo y nada, y con el tiempo evolucionar nuestro trato. Digo, esto coincidió con una nueva etapa en la que estaba conociendo mucha gente y formando nuevos lazos. Decepción. Me saludaba cuando quería, aveces con cara de “¿quién se cree este tipo?” y en otras con una gran sonrisa. Mientras tanto, en mi salón sus bonos disminuían e incluso se le había puesto un apodo que considero detestable y denigrante a su persona. Por cierto, dada su mamonería y azaroso comportamiento, volvió a ser cualquier pendeja.
Y los meses pasaron, me estaba fastidiando del ambiente y cuestionando algunas decisiones hasta que llegó el obligado descanso y meritoria desintoxicación de la gente de siempre. En medio de éste break ¿qué creen? que me la encuentro, en un lugar por demás inusual, el hecho me extrañó demasiado pero lo encontré como una simpática coincidencia, tal vez serviría de algo en el futuro.
En el previo a regresar a la rutina revalué mis expectativas acerca de mi situación actual, en lo que hacía trato con más gente y mejoraba mis habilidades sociales, en serio, si buscan en mi matrícula lo encontraran. Volviendo al tema, preparándome estaba para enfrentar al destino y habitual reality check que llega tras los descansos, cuando me la vuelvo encontrar. La cosa no es rara, solemos andar por los mismos lados (por nuestras ocupaciones), pero lo raro era que estaba haciendo antes de saludarla. No era algo de miedo pero sí algo que yo haría, eso me gustó, me pareció interesante. Y que la saludo.
Ella me respondió con alegría y conversamos un rato sobre el cómo/cuándo/dónde de nuestra casualidad de hacía unas semanas. Demasiado raro. ¿Era destino hablándonos? Podría ser, en su momento no quise pensar mucho acerca de ello, ahora que lo recapacito pienso que sí, era destino, tenía que suceder eso para que pasara muchas otras cosas. Ok, ahora estamos entrando en temas de gente loca. Hay que notar que destino nunca lo deja tan fácil ni es tan predecible. Oh boy,de haberlo sabido.
El gran plan no es tanto el punto, sino que después de esa intercambio de palabras en el que yo tomaba café con leche, me quedé con algunas expectativas y una gran sonrisa. Estuve razonando un rato que tal vez la chava que me recuerda a alguien (un alguien que nunca tuvo importancia en mi vida) pero que no podía dejar de mirar, no era cualquier pendeja.
Las semanas pasaron, el comportamiento extraño y mamón continuaba, eso me molestaba mucho hasta que surgieron explicaciones que lo explicaban todo. Y la cosa se ponía más rara, más interesante. Más me gustaba. Que si no me hacía caso, eso era interesante. Que si mostraba interés extrañamente, eso era linda. E interesante.
Lo que sigue es una de esas historias de chico conoce chica que ustedes conocen muy bien. La variente en este caso es que chico retraído, preocupón, fijado y con tendencia al drama conoce chica cambiante, tímida, distraída y con muchas problemas en su cabeza [y pasado]. Una unión hecha para ir a ningún lado. Hasta eso el estira y afloja duró algunos meses más de lo planeado.
Si, hubo abrazos, felicitaciones, momentos marca “te extrañaba”, celos mutuos, tomadas de mano y hasta fotos. Sólo que lo que se tuvo que hacer en tres semanas, tardó muchos meses. Se aburrió, nos aburrimos, nos caímos mal, nos mirabamos y no nos mirabamos, nos evitabamos. Algo espantoso y angustiante. Al menos para mí. Espero que para ella también.
Llegó otro de esos descansos en los que te desintoxicas del ambiente usual. No nos hablamos. No tenía deseos ni ganas, lo que era una atracción ahora era algo angustiante y doloroso. Saber de ella me ponía de malas, porque a estas alturas no estaba sabiendo de ella como yo hubiera querido, ya saben, en una de esas llamadas que terminan en un “te amo”. En lugar de eso me enteraba de su vida checando registros de internet. En parte por interés, en parte por la rutina de tener vigilada a mi gente.
No quería verla, era algo horrible, hasta cambié mis rutas para no tener uno de esos encuentros, me ponía mal. Dolor de estomago, ansiedad y el paquete completo. Como destino es cabrón me la encontré al final del primer día. Todo igual. Igual de no relevante que los últimos meses. Se le olvidó decirme un pequeño detalle porque pues decir que tienes novio es algo que no se menciona en el catch up ¿verdad? Sus razones había para no decirlo, incluso creo que hasta nobles. De cualquier manera pensé que era una bitch y que la mujer por la que estaba infatuado para nada era la misma. Para nada. Y yo no necesitaba eso.
O eso quería hacer creer, por dentro la cosa era diferente. Y ese no es el punto. Semanas después por fin me dijo lo de su amorcito, claro, después de hacerle mención que los ví. Bitch, por esa y otras razones. Hace meses que no era la misma de la casualidad.
Destino me seguía hablando. En esos días yo seguía lidiando con mis problemas, más bien que mal, considero. Había que ir a una plática con un autor en un centro cultural, el gancho fue que fue escritor de un programa televisivo infantil de antaño. Había que ir del verbo es obligatorio. Y ahí vamos.
La conferencia comenzó tarde, como es usual. A lo largo del panel los escritorcitos del estrado dejaron mala imagen a todo su gremio con su comportamiento pretencioso y pedante, como es usual. Pero, adivinen, ese no es el punto.
El invitado de honor contó una anécdota acerca de los inicios de su carrera. Bailarín de Bellas Artes, háganme el favor. No por algo en contra de esa profesión sino por la figura actual del sujeto. Cómo sea, el escritor relató que había llegado ahí siguiendo a una mujer que, por supuesto, era el amor de su vida. Iba y venía por ella. Ella, como buen amor de la vida de alguien, lo hacía sufrir, no lo pelaba, salía con todos menos conmigo, corrijo, menos con él. (Ese fui yo proyectándome).
Moría por ella, era su prioridad pero para la bailarina él sólo era una opción. O hasta menos. No pude evitar sentirme identificado, con la historia y con la cuestión de que si esas pocas mujeres, que no son cualquier pendeja, nos hacen sufrir por ignorancia o satisfacción. Es espantoso. Uno nunca hace match con esa chava. Ellas, claro, si hacen match con el amor de su vida, uno nunca figuró, a uno nunca lo perdieron.
La historia del panelista acabó en que por una u otra razón decidió dejar por la paz el asunto de su amada bailarina, quien por supuesto se casó y fue feliz con otro hombre, mientras el escritor acabó casándose (años después) con la hermana de su ex-amorcito, su ex cuñada, ahora esposa. Y su fijación acabó siendo su cuñada. Al menos fueron felices todos. No digo “al menos” porque sea decepcionante sino por estilo. No fue el fin de mundo, pues.
Al final nos dijo el nombre de aquella que, en su momento, podía arreglar o hacer pedazos su existencia. Adivine. El mismo nombre. De ella, aquella de quien no podía pronunciarlo ni quería ver. El mismo nombre. Que miedo. Eso no podía estar pasando.
Abrí los ojos en señal de sorpresa, mi corazón latió más rápido, sentí un vacío en el estomago. Mis acompañantes, quienes sabían la historia y se encontraban en la sala estaban en una disyuntiva de reírse o voltearme a ver. La historia sonaba tan yo.
¿Acabé con la hermana de mi fijación? Para nada. No fue el fin del mundo y continué con mi vida, ratos divertidos, ratos odiosos, ratos aburridos, ratos inolvidables.
Aunque, para mi desgracia, no me separo mucho de ese patrón.
Al menos amplié mi espectro de búsqueda en cuanto a algunas cualidades.
¿Resentido con ella? Lo manejó pésimamente y fuimos unos inmaduros e incivilizados pero me da gusto decir que las cicatrices han sanado, espero que las de ella también, aunque por el cariño que alguna vez le tuve espero que no haya tenido.




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